Este es un tiempo de reconciliación entre vos y yo. Un tiempo de volver a darnos la mano, la misma que escribe letras, palabras, emociones.
Quiero que sepas que los fines de semana son casi una sala de espera de suicidio: son interminables, cargados de incertidumbre, de preguntas, de soledad. Y, aunque esté rodeada de mucho ruido, adentro, sólo hay preguntas... y soledad.
Nadie escucha los gritos. Vaya que grito!! Pero vuelvo y sigo en silencio. Me cuestiono tantas decisiones, tantas elecciones que probablemente son las que me han sumido en esta triste soledad. Sí, triste, porque ella y yo no nos llevamos bien. Nunca la quise, sin embargo siempre insistió en quedarse y aunque nunca me gustó la idea, creo que hasta le armé un rincón en mi alma para que se quede. En mi vida.
Me vuelvo años atrás y pareciera que esto que me pasa hoy es la misma historia de siempre. Vaya paciencia en la vida que tiene uno. Sí, sí, cada uno con su karma.
A propósito, esto de volver a vivir una vida con la misma alma me parece una idea skoqueante. O al menos me provoca, me siembra curiosidad. Y también algo de temor.
Así es querido diario, qué mezcla de emociones estoy escribiendo aquí!!! No sigo un hilo, verdad? Qué hilo después de todo? el hilo rojo que según la creencia china te conecta a una persona predestinada a encontrarte y ser felices como en los cuentos? Bah!
Yo siempre insisto en perpetuar el optimismo, pero llorar también es una opción para mi.
Llorar como ahora, llorar como cada vez que imagino que no he sido la elección de alguien.
Saberse fuerte, creérselo. Sentirlo así aunque por dentro se haya desmoronado media pared. Con estas mismas manos que escribo, reconstruiré mis pedazos caídos, los pegaré de nuevo y prometo que recordaré que estoy haciendo nuevamente en este mundo.
Querido diario: ¿Qué debo cambiar? ¿sanar?

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